Inmersion Profetas NTV - Page 236



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J erem í as
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ofrendas líquidas a sus otros dioses-ídolos! ¿Soy yo al que ellos perjudican? —‍pregunta el Señor‍—. Más que nada se perjudican a sí mismos,
para su propia vergüenza».
Así que esto dice el Señor Soberano: «Derramaré mi terrible furia
sobre este lugar. Sus habitantes, animales, árboles y cosechas serán consumidos con el fuego insaciable de mi enojo».
Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: «¡Tomen
sus ofrendas quemadas y los demás sacrificios y cómanselos ustedes mismos! Cuando saqué a sus antepasados de Egipto no eran ofrendas quemadas ni sacrificios lo que deseaba de ellos. Esto les dije: “Obedézcanme,
y yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. ¡Hagan todo lo que les diga
y les irá bien!”.
»Pero mi pueblo no quiso escucharme. Continuaron haciendo lo que
querían, siguiendo los tercos deseos de su malvado corazón. Retrocedieron
en vez de ir hacia adelante. Desde el día en que sus antepasados salieron de
Egipto hasta ahora, no he dejado de enviarles a mis siervos, los profetas,
día tras día; pero mi pueblo no me ha escuchado, ni siquiera ha tratado
de oírme. Han sido tercos y pecadores, aún peores que sus antepasados.
»Diles todo esto, pero no esperes que te escuchen. Adviérteles a gritos,
pero no esperes que te hagan caso. Diles: “Esta es la nación que no obedece
al Señor su Dios y que rechaza ser enseñada. Entre ellos la verdad ha desaparecido; ya no se escucha en sus labios. Rápate en señal de luto y llora a
solas en las montañas, porque el Señor ha rechazado y ha abandonado a
esta generación que ha provocado su furia”.
»La gente de Judá ha pecado ante mis propios ojos —‍dice el Señor‍—.
Han puesto sus ídolos abominables precisamente en el templo que lleva
mi nombre, y así lo han profanado. Han edificado santuarios paganos en
Tofet, el basurero en el valle de Ben-hinom, donde queman a sus hijos y a
sus hijas en el fuego. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me
pasó por la mente ordenar semejante cosa! Así que, ¡atención! Se acerca
la hora —‍dice el Señor‍—, cuando ese basurero ya no será llamado más
Tofet ni valle de Ben-hinom, sino valle de la Matanza. Enterrarán a sus
muertos en Tofet hasta que ya no haya más lugar. Los cadáveres de mi pueblo servirán de comida para los buitres y los animales salvajes, y no habrá
quien los ahuyente. Pondré fin a las risas y a las alegres canciones en las
calles de Jerusalén. No se oirán más las voces felices de los novios ni de las
novias en las ciudades de Judá. La tierra quedará completamente desolada.
»En ese día —‍dice el Señor‍—, el enemigo abrirá las tumbas de los
reyes y los funcionarios de Judá, las tumbas de los sacerdotes, los profetas y
la gente común de Jerusalén. Esparcirá los huesos sobre la tierra ante el sol,
la luna y las estrellas: los dioses que mi pueblo ha amado, servido y rendido





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