Inmersion Profetas NTV - Page 328



INMERSOS EN ABDÍAS
L O S H A B I TA N T E S D E E D O M eran vecinos del pueblo de Judá. Vivían en la
región montañosa y rocosa sur del mar Muerto, un lugar prácticamente
inaccesible a los ejércitos atacantes. Esto hacía que los edomitas
estuvieran muy satisfechos con su seguridad, confiados y orgullosos
porque nadie podía hacerles daño.
Cuando los babilonios sitiaron Jerusalén, los edomitas participaron
en el ataque. Cuando la ciudad cayó, la saquearon. Incluso capturaron a
la gente de Judá que huía y los mataron o los vendieron como esclavos.
Dos de los profetas del Señor advirtieron a los edomitas en términos muy similares que, por haber hecho lo que hicieron, también ellos
serían conquistados y destruidos. Uno de esos profetas fue Jeremías,
quien incluyó una denuncia sobre Edom en sus oráculos contra otras
naciones. El otro profeta fue un hombre llamado Abdías. No sabemos
nada sobre Abdías salvo el hecho de que él también entregó un oráculo
contra Edom.
Abdías, en nombre del Señor, les dijo a los edomitas: «Has sido engañada por tu propio orgullo porque vives en una fortaleza de piedra
y haces tu morada en lo alto de las montañas. “¿Quién puede tocarnos
aquí en las remotas alturas?”, te preguntas con arrogancia; pero aunque te remontes tan alto como las águilas y construyas tu nido entre
las estrellas, te haré caer estrepitosamente».
Y eso fue precisamente lo que ocurrió. Después de aceptar la ayuda
de los edomitas en su campaña contra Jerusalén, los babilonios se volvieron contra ellos y los destruyeron tan completamente que dejaron
de ser una nación. De modo que se cumplieron las palabras de Abdías:
«Si vinieran ladrones en la noche y te robaran [...] no se llevarían todo.
Los que cosechan uvas siempre dejan unas cuantas para los pobres.
¡Pero tus enemigos te aniquilarán por completo!».
La primera mitad del oráculo de Abdías contra Edom es muy parecida
a la primera mitad del de Jeremías, aunque el material es más largo en
Abdías y tiene un orden un poco diferente. Hacia el final, el enfoque del
oráculo es Jerusalén y una promesa sobre su futuro. Los desterrados de
Israel volverán y reclamarán su antigua herencia. Dios mismo vendrá a
gobernar desde el monte Sión.
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