Inmersion Profetas NTV - Page 418



INMERSOS EN HAGEO
Los desterrados habían regresado a Judea
hacía casi veinte años y habían comenzado con entusiasmo la obra
de reconstrucción del templo. No obstante, se habían visto obligados
a detener la construcción después de completar los cimientos del
templo porque sus oponentes se habían quejado ante el gobernador
del Imperio persa. Pero ahora había un nuevo rey, Darío, y su política
autorizaba la continuidad de la reconstrucción.
Aun así, la gente protestó: «Todavía no ha llegado el momento para
reconstruir la casa del Señor». Es que el pueblo estaba tan involucrado
en reconstruir con lujo sus propias casas que estaba descuidando la
casa del Señor.
Dios mandó entonces a Hageo para entregar una serie de mensajes
a los desterrados. Hageo explicó a la gente que, ya que estaban tan
interesados en las cosas materiales, Dios había estado tratando de captar su atención por medio de la sequía, la plaga, el moho y el granizo:
«Esperaban cosechas abundantes, pero fueron pobres. [...] ¿Por qué?
Porque mi casa está en ruinas, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales,
mientras ustedes se ocupan de construir sus elegantes casas».
ERA EL AÑO 520 A. C.
Desafiados e inspirados por las palabras de Hageo, Zorobabel (el gobernador) y Josué (el sumo sacerdote) dirigieron al pueblo a retomar
la reconstrucción del templo. En palabras que repiten el estímulo de
Dios a Josué cuando el antiguo Israel estaba a punto de entrar en la
tierra prometida, a Zorobabel y Josué se les dice que sean fuertes y
completen la obra. Israel está siendo renovado, y el Espíritu de Dios
está con ellos, tal como cuando el Señor sacó al pueblo de Egipto. En
los siguientes pocos meses, Dios dio a Hageo otros tres mensajes para
animar al pueblo con este proyecto.
Aunque el templo reconstruido sería mucho más modesto que el
que Salomón había comisionado, Dios promete que «la futura gloria
de este templo será mayor que su pasada gloria». Para Israel, el templo
era el punto focal de la presencia especial de Dios entre ellos. Sabían
que, a final de cuentas, las bendiciones y la paz les llegarían solo si Dios
habitaba entre ellos.
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