Inmersion Profetas NTV - Page 440



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Z acar í as
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habrá días y noches como de costumbre, porque en las horas nocturnas
todavía habrá luz.
En aquel día fluirán desde Jerusalén aguas que dan vida, la mitad hacia
el mar Muerto y la otra mitad hacia el Mediterráneo; brotarán continuamente, tanto en el verano como en el invierno.
El Señor será rey sobre toda la tierra. En aquel día habrá un solo Señor
y únicamente su nombre será adorado.
Toda la tierra desde Geba, al norte de Judá, hasta Rimón, al sur de Jerusalén, se convertirá en una inmensa llanura. Pero Jerusalén será levantada
en su lugar original y estará poblada desde la puerta de Benjamín hasta el
sitio de la puerta vieja, luego hasta la puerta de la Esquina, y desde la torre
de Hananeel hasta las prensas de vino del rey. Entonces Jerusalén, por fin
a salvo, se llenará de gente y nunca más será maldecida ni destruida.
Luego el Señor enviará una plaga sobre todas las naciones que pelearon
contra Jerusalén. Sus habitantes llegarán a ser como cadáveres ambulantes,
la carne se les pudrirá. Se les pudrirán los ojos en sus cuencas y la lengua
en la boca. En aquel día sentirán terror, agobiados por el Señor con un
terrible pánico. Pelearán contra sus vecinos mano a mano. También Judá
peleará en Jerusalén. Tomarán las riquezas de todas las naciones vecinas:
grandes cantidades de oro, plata y ropa costosa. Esta misma plaga atacará a caballos, mulas, camellos, asnos y demás animales de los campos
enemigos.
A fin de cuentas, los enemigos de Jerusalén que sobrevivan a la plaga,
subirán a Jerusalén cada año para adorar al Rey, el Señor de los Ejércitos
Celestiales, y para celebrar el Festival de las Enramadas. Toda nación que
se niegue a ir a Jerusalén para adorar al Rey, el Señor de los Ejércitos
Celestiales, no recibirá lluvia. Si el pueblo de Egipto se niega a asistir al
festival, el Señor lo castigará con la misma plaga que envió sobre las otras
naciones que se negaron a ir. Egipto y las demás naciones serán castigadas
si no van para celebrar el Festival de las Enramadas.
En aquel día hasta en los cascabeles del arnés de los caballos se inscribirán estas palabras: Santo para el Señor. Las ollas de cocina en el
templo del Señor serán tan sagradas como los tazones que se usan al lado
del altar. De hecho, toda olla de cocina en Jerusalén y Judá será consagrada
al Señor de los Ejércitos Celestiales. Todo el que venga a adorar tendrá
plena libertad de usar cualquiera de estas ollas para cocinar sus sacrificios.
En aquel día no habrá más comerciantes en el templo del Señor de los
Ejércitos Celestiales.





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