Inmersion Profetas NTV - Page 80



5:25–6:5
I sa í as
67
Por eso el enojo del Señor arde contra su pueblo
y ha levantado el puño para aplastarlo.
Los montes tiemblan
y los cadáveres de su pueblo están tirados por las calles como
basura.
Pero aun así, el enojo del Señor no está satisfecho.
¡Su puño todavía está listo para asestar el golpe!
Él enviará una señal a las naciones lejanas
y llamará con un silbido a los que están en los confines de la tierra;
ellos irán corriendo a Jerusalén.
No se cansarán, ni tropezarán.
No se detendrán para descansar ni para dormir.
Nadie tendrá flojo el cinturón
ni rotas las correas de ninguna sandalia.
Sus flechas estarán afiladas
y sus arcos listos para la batalla.
De los cascos de sus caballos saltarán chispas,
y las ruedas de sus carros de guerra girarán como un torbellino.
Rugirán como leones,
como los más fuertes entre los leones.
Se lanzarán gruñendo sobre sus víctimas y se las llevarán,
y no habrá nadie para rescatarlas.
Rugirán sobre sus víctimas en aquel día de destrucción,
como el rugido del mar.
Si alguien extiende su mirada por toda la tierra,
solo verá oscuridad y angustia;
hasta la luz quedará oscurecida por las nubes.
El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso
trono, y el borde de su manto llenaba el templo. Lo asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con dos
se cubrían los pies y con dos volaban. Se decían unos a otros:
«¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos Celestiales!
¡Toda la tierra está llena de su gloria!».
Sus voces sacudían el templo hasta los cimientos, y todo el edificio estaba
lleno de humo.
Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque
soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de





Powered by


Full screen Click to read
Paperturn flipbook viewer
Search
Overview
Download as PDF
Print
Shopping cart
Full screen
Exit full screen