Reinos FeatureSampler - Page 20



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INMERSIÓN

REINOS
5:2-15
reyes cananeos que vivían a lo largo de la costa del mar Mediterráneo oyeron cómo el Señor había secado el río Jordán para que el pueblo de Israel
pudiera cruzar, se desanimaron y quedaron paralizados de miedo a causa
de los israelitas.
En esos días, el Señor le dijo a Josué: «Prepara cuchillos de piedra y circuncida a esta segunda generación de israelitas». Así que Josué preparó
cuchillos de piedra y circuncidó a toda la población masculina de Israel
en Guibeá-haaralot.
Josué tuvo que circuncidarlos, porque todos los hombres que tenían
edad suficiente para ir a la guerra cuando salieron de Egipto habían muerto
en el desierto. Todos los que salieron de Egipto habían sido circuncidados, pero no los que nacieron después del éxodo, durante los años en el
desierto. Los israelitas anduvieron cuarenta años por el desierto hasta que
murieron todos los hombres que salieron de Egipto y que tenían edad
para ir a la guerra. Ellos habían desobedecido al Señor, por eso el Señor
juró que no los dejaría entrar en la tierra que había prometido darnos,
una tierra donde fluyen la leche y la miel. Entonces Josué circuncidó a los
hijos de esos israelitas —‍los que habían crecido para tomar el lugar de sus
padres—‍ porque no habían sido circuncidados en el camino a la Tierra
Prometida. Después de ser circuncidados, todos los varones descansaron
en el campamento hasta que sanaron.
Luego el Señor le dijo a Josué: «Hoy he hecho que la vergüenza de su
esclavitud en Egipto salga rodando como una piedra». Por eso, ese lugar
se llama Gilgal hasta el día de hoy.
Mientras los israelitas acampaban en Gilgal, sobre la llanura de Jericó,
celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del primer mes. Justo al
día siguiente, empezaron a comer pan sin levadura y grano tostado, cosechado de la tierra. El maná dejó de caer el día que empezaron a comer de
las cosechas de la tierra y nunca más se vio. Así que, desde ese momento,
los israelitas comieron de las cosechas de Canaán.
Cuando Josué estaba cerca de la ciudad de Jericó, miró hacia arriba y vio a
un hombre parado frente a él con una espada en la mano. Josué se le acercó
y le preguntó:
—‍¿Eres amigo o enemigo?
—‍Ninguno de los dos —‍contestó—‍. Soy el comandante del ejército
del Señor.
Entonces Josué cayó rostro en tierra ante él con reverencia.
—‍Estoy a tus órdenes —‍dijo Josué—‍. ¿Qué quieres que haga tu siervo?
El comandante del ejército del Señor contestó:
—‍Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás parado es santo.





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