Reinos FeatureSampler - Page 22



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INMERSIÓN

REINOS
6:18–7:1
Rahab, la prostituta, y a los que se encuentren en su casa, porque ella protegió a nuestros espías.
»No se queden con ninguna cosa que esté destinada para ser destruida,
pues, de lo contrario, ustedes mismos serán destruidos por completo y
traerán desgracia al campamento de Israel. Todo lo que esté hecho de
plata, de oro, de bronce o de hierro pertenece al Señor y por eso es sagrado, así que colóquenlo en el tesoro del Señor».
Cuando el pueblo oyó el sonido de los cuernos de carnero, gritó con
todas sus fuerzas. De repente, los muros de Jericó se derrumbaron, y los
israelitas fueron directo al ataque de la ciudad y la tomaron. Con sus espadas, destruyeron por completo todo lo que había en la ciudad, incluidos
hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, ovejas, cabras, burros y todo el
ganado.
Mientras tanto, Josué les dijo a los dos espías: «Cumplan su promesa
con la prostituta. Vayan a su casa y sáquenla de allí junto con toda su
familia».
Entonces los hombres que habían sido espías entraron en la casa y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y a todos los demás
parientes que estaban con ella. Trasladaron a toda la familia a un lugar
seguro, cerca del campamento de Israel.
Luego los israelitas quemaron la ciudad y todo lo que había en ella. Solo
conservaron las cosas hechas de plata, de oro, de bronce y de hierro para el
tesoro de la casa del Señor. Así que Josué le perdonó la vida a la prostituta
Rahab y a los parientes que estaban en su casa, porque ella escondió a los
espías que él había enviado a Jericó. Y Rahab vive con los israelitas hasta
el día de hoy.
En esa ocasión, Josué pronunció la siguiente maldición:
«Que la maldición del Señor caiga sobre cualquiera
que intente reconstruir la ciudad de Jericó.
A costa de su hijo mayor
pondrá sus cimientos.
A costa de su hijo menor
pondrá sus puertas».
Así que el Señor estaba con Josué, y la fama de Josué se extendió por
todo el territorio.
Sin embargo, Israel desobedeció las instrucciones sobre lo que debía ser
apartado para el Señor. Un hombre llamado Acán había robado algunas
de esas cosas consagradas, así que el Señor estaba muy enojado con los





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